Por: Gloria Eugenia Echavarría Consuegra - Periodista geechavarria@envigado.gov.co

 

Los estereotipos de belleza posicionados por los medios de comunicación y la publicidad están directamente relacionados con el auge de las nuevas tecnologías que permiten, con un sinnúmero de herramientas, cambiar de aspecto a quienes no son tan bellos.

 

Si bien los cánones de belleza varían de una cultura a otra en cada parte del mundo, existen modelos, ’sobrenaturales’ diría yo, que causan toda clase de ‘efectos secundarios’ en las personas de a pie.

‘Sobrenaturales’ porque son fruto del retoque digital y ‘efectos secundarios’ porque quienes no gozan de una autoestima alta terminan cediendo ante este tipo de modelos, llegando a causar en muchos casos problemas psicológicos y hasta físicos.

Esto se debe a que la maravilla del retoque digital, especialmente el ofrecido por el programa  Adobe Photo Shop, puede transformar con solo unos cuantos pasos hasta el error u horror de la naturaleza más feo en el ser humano más bello de todos.

¿Arrugas, estrías, várices, ojeras, acné, cicatrices? ¡No! Para el retoque digital este tipo de palabras no existen dentro de una ‘buena’ imagen.

Y es que sin lugar a dudas el concepto de belleza está cargado de un alto grado de subjetividad, pues lo que para mí es bello puede que para otro no lo sea.

Pero entonces, ¿este tipo de ‘manipulación de la realidad’ es buena o mala?

Pues la respuesta también es subjetiva, porque depende de cómo cada cual asume el amor propio y se sienta cómodo o no con lo que se vende a través de las imágenes de cuerpos perfectos.

Además, las nuevas tecnologías están en todo su esplendor y la perfección está sólo a un click de distancia de la realidad visual.

Personalmente considero que este tipo de herramientas son bastante útiles para todo tipo de imágenes, las de recuerdo, las oficiales, las del reporterismo, las de los álbumes y un sinnúmero de ejemplos, pero siempre y cuando haya un acercamiento a la realidad, para que no nos vendan imposibles e imaginarios que finalmente terminamos comprando esperanzados en el milagro divino de la belleza y la perfección.

El Patrimonio Cultural es una temática que aún no tiene la relevancia que debería tener ni para los entes gubernamentales ni para las comunidades.

Por: Gloria Eugenia Echavarría Consuegra (Periodista)

Con el transcurrir de la primera década del siglo XXI, caracterizada por los vertiginosos cambios para la humanidad, se han modificando los estilos de vida del hombre, tanto de manera individual como colectiva. Es así pues como mediante el tema de la globalización, que tiene como principal tecnología la Internet, y en un mundo en donde la información es el principal componente del poder, resulta necesario hacer un alto en el camino y, bajo una mirada retrospectiva, volver al tema de la memoria colectiva, para fortalecer lo local y preparar a los pueblos para el inminente intercambio cultural global.

 

Una de las principales herramientas para accionar la memoria y mantener el espíritu de las naciones y del mundo es el Patrimonio Cultural, entendido como un conjunto de bienes materiales e inmateriales, muebles e inmuebles que poseen un gran valor para una colectividad y que por tanto debe procurarse su conservación; es además el valor de lo que nos pertenece, un constructor de identidad que hace referencia a la idiosincrasia de un pueblo y que se hereda para luego entregar, como una transmisión de conocimientos, a las nuevas generaciones.

 

Así mismo, y de manera histórica, la ciudad ha sido un escenario que se ha ido transformando con el paso de los días y su crecimiento acelerado ha modificado la estructura urbana, las formas de habitar el espacio, los usos del suelo, el ordenamiento del territorio y los procesos de construcción y deconstrucción; y es precisamente con estas mutaciones urbanas que el significado del pasado va perdiendo fuerza y la relación de la ciudad entre sus huellas y sus cambios contemporáneos es un asunto que se debe articular, para evitar la pérdida de la memoria colectiva, pero sin frenar el vertiginoso desarrollo territorial. El Patrimonio Cultural se convierte entonces en una temática compleja, que forcejea contra el la falta de información, el desarrollo de la ciudad, la norma y, sobre todo, contra el olvido.

 

Sin embargo, existen comunidades que comprenden su valor y se ocupan de manera mancomunada con entes privados, gubernamentales y agremiaciones para salvaguardar lo poco que queda. Este es el caso del Grupo de Vigías del Patrimonio del Municipio de Envigado, una colectividad que, de manera voluntaria, se capacita, gestiona, y trabaja para procurar la defensa de la historia de la Ciudad Señorial.

 

 

OPINIÓN

Febrero 18, 2008

cabezote-2.jpg 

Por: Gloria Echavarría (Periodista) 

¿Y DÓNDE ESTÁ CARREÑO?

Son muchas las razones por las cuales las reglas de urbanidad se han ido modificando o, en el peor de los casos, desapareciendo, sin embargo siguen siendo necesarias para una sana convivencia

¿Sabía usted que “Tener un cigarrillo en los labios mientras habla” es parte de mala educación”? O por lo menos eso afirma Manuel Antonio Carreño -político y escritor venezolano del siglo XIX- en su “Manual de Urbanidad y buenas costumbres”, quien muy seguramente debe estarse revolcando en su tumba parisina viendo cómo de la urbanidad no queda mucho hoy en día.

 

Y es que las normas de convivencia se han transformado con el paso de los tiempos. De aquel viejo libro con el que nuestros padres y abuelos aprendieron protocolo y etiqueta en las escuelas ya queda poco o nada…

 

Poco, porque las reglas de urbanidad no son una materia obligatoria en las entidades educativas, ni una enseñanza familiar como debiera ser, pues es ‘poco’ lo que un niño puede aprehender para sí estando inmóvil ante el televisor 25 de las 24 horas del día y en donde los padres van dejando esta responsabilidad a los maestros y a las nanas de sus hijos.

 

Nada porque es un libro que descansa en los anaqueles de las bibliotecas y que pocas veces es consultado por los lectores, puesto que es una temática que pareciese que llegara con el ‘paquete completo’ al nacer los bebés, pero como ‘Matrix‘ llegan ‘recargados’, porque los de hoy en día aprenden a ser adultos desde niños, con todo y las mañas que eso implica.

 

Sin embargo, Carreño debiera estar no sólo en el Metro sino además en los bancos, en las entidades gubernamentales, en las escuelas, en las vías, en los supermercados, en el parque, en la cuadra, en la esquina… Pero sobre todo en las familias.

 

¿Será entonces que algunos hábitos como “morderse un mechón de pelo o las uñas, tener un cigarrillo en los labios mientras se habla, hacer preguntas indiscretas, introducir pedazos de comida demasiado grandes a la boca”, entre otros, seguirán siendo hábitos de mal gusto sólo para nuestros padres y abuelos? ¿De qué lado de la educación estamos nosotros -la buena o la mala- y estarán nuestros hijos, nietos…? Pues será esperar que alguien busque a Carreño porque en nuestra actual sociedad malcriada definitivamente no está.

OPINIÓN

Febrero 17, 2008

cabezote-1.jpg  

ESE VERBO DA UNA ‘BREGA’

 

Existen algunos verbos del español que a pesar de hacer parte de las viejas hojas amarillentas del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española suenan extaño al ser pronunciados.

Por: Gloria Echavarría (Periodista) 

“Bregar”: Yo brego, tú bregas, él brega… Uy pero qué brega da la conjugación en pretérito imperfecto, en segunda persona del plural: “BREGABAIS”, es decir, ellos “trabajaban afanosamente”. Personalmente me da una brega utilizar este verbo que, a mi modo de ver, tiene una sonoridad algo… ¿Horrorosa?

Bien, se imagina usted uno redactando un comunicado de prensa que diga algo como así: “Al Municipio de Envigado le da una ‘brega’ el proyecto de Metroplús”, o quizá “El Grupo Scout Primero está ‘bregando’ celebrar su nonagésimo aniversario”, ¿verdad que no? No porque en primer lugar me llamaría el mismísimo señor alcalde a cancelarme el contrato y en la segunda porque mi jefe de grupo me mandaría a freir espárragos. Pero además no porque es un verbo que pareciese que no se acomodara a ninguna frase, a ninguna conjugación ni a ninguna cultura. O quizá si, la nuestra: “Mija a mí me da una ‘brega’ ir por allá” -por ejemplo- o “Es que les da mucha ‘brega’ llamar a decir en dónde están”, etc., si, porque esas son nuestras mamás, a ellas todo les sale.

¿Y entonces por qué a uno ese verbo le da tanta berrionda brega? Pongo un último ejemplo, cuando uno tenga sus chinches y les diga “Mijo le da mucha ‘brega’ guardar la X-BOX…” ¿no, verdad? o quizá: ”a mí me da una ‘brega’ hacer ese curso de Teoría del pensamiento” ¡Menos caramba! En fin, ahí dejo la inquietud.

Y ya para finalizar, quien se pregunte a cerca del significado de este peculiar verbo, es este el significado de la RAE:

(Del gót. *brĭkan, romper). Y aquí ya entramos quedando ¿romper?

1. tr. Amasar de cierta manera. Estoy más que segura que no lo usamos con este significado.

2. intr. Dicho de una persona: Luchar, reñir, forcejear con otra u otras. Este se acomoda más a nuestra cultura.

3. intr. Ajetrearse, agitarse, trabajar afanosamente. Este es el que menos ‘brega’ da.

4. intr. Luchar con los riesgos y trabajos o dificultades para superarlos. Este es sin lugar a dudas el significado con el que utilizamos este verbo.